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Perdonad que me ponga pesado, pero os pido que entendáis que es algo que a cualquiera le toca la moral, porque cuando se trata del pan (figurado) de mis hijos y el hambre aprieta, a uno le toca defender lo suyo.

Hoy me han vuelto a hacer las cuentas del poco dinero que ganan los autores frente al (presunto) dineral que se llevan los editores y, como hay mucho de mito, creo que es conveniente que pongamos cifras sobre la mesa para que se entienda mucho mejor lo que se esconde detrás del PVP de un libro.

Para simplificarlo, haremos la cuenta con un hipotético libro de 10 euros, así las cifras saldrán más redonditas y fáciles de entender. Imagina que compras un libro que cuesta 10 euros… Bien, 5,50 de esos 10 euros se los reparten entre el mayorista y el propio librero. Nótese que 5,50 es más que 4,50 (que es lo que queda para el resto de agentes involucrados). Ah, que no se nos olvide el IVA (en estos días no se nos puede olvidar, está claro), 40 céntimos se van a las arcas del Estado, lo que deja 4,10 euros a repartir (eso de momento, que se ha mantenido en el tipo superreducido, el 4%, veremos qué ocurre en un futuro próximo).

Con esos 4,10 euros tienen que pagarse los costes de producción (maquetación, corrección, edición, promoción, impresión…) y además también hay que remunerar al autor por su trabajo, faltaría más. Los costes de imprenta varían en función de la tirada, de la calidad de la edición… y normalmente, para que engañarnos, no suelen ser baratos (son la parte del león de esos 4,10 euros, al menos hasta una cantidad respetable de ejemplares vendidos).

Descontados todos esos costes, llegamos por fin a los pingües beneficios del editor, ése que se embolsa un pastón mientras el pobre autor malvive. La cruda realidad es que, en general, beneficio y derechos de autor suelen ir a la par (de hecho, Léeme aboga por un esquema de derechos progresivos, de tal forma que a más ventas, mayor porcentaje de derechos de autor, compartiendo el “éxito” con nuestros autores).

No se trata de llorar (aunque, en conclusión, escribir, y editar es, en general, un negocio ruinoso). Se trata de tener una perspectiva realista. Y no se trata de lágrimas porque en cualquier caso, aunque ruinoso, éste es un negocio vocacional, apasionante y altamente satisfactorio. Puede parecer contradictorio, pero lejos del título del tercer disco de The Mothers of Invention, nosotros no estamos aquí sólo por el dinero (aunque es importante, porque al final del día hay que facturas que pagar y niños a los que alimentar, aunque sea figuradamente).

Y ojo, también se puede ganar dinero, que de ésto vive mucha gente y a algunos les va francamente bien. Nosotros aspiramos a ello (que también queremos forrarnos y a forrar a nuestros autores), pero mientras tanto seguiremos peleando, apoyando los libros que nos gustan y en los que creemos. Dejándonos la piel con nuestros autores y peleando para llegar a todos los lectores que quieran leernos. Porque, es cierto, nos habéis pillado: queremos pingües beneficios. También para nuestros autores.

PD: Antes de que se nos soliviante nadie: este esquema aplica sobre los libros en papel. En el caso de los libros electrónicos, el coste del distribuidor es un poco más económico (oscila, según la plataforma, entre el 30 y el 45%) y los costes de imprenta se reducen, porque la producción tiene otros caminos que, aunque también implican coste, no son tan caros. A cambio el IVA (en una tremenda incongruencia) aumenta del 4% al 21% y el riesgo de piratería (y con esto no quiero criminalizar a todo el mundo, pero tampoco vamos a cerrar los ojos a una realidad como un templo, aumenta exponencialmente), con lo que eso de que los libros electrónicos se pueden vender casi gratis porque no hay gastos de imprenta, ni almacenaje, ni distribución, es «un poquito falaz» [léase una trola], por decirlo suavemente.

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